Un paraíso de montañas imponentes, glaciares escarpados y costas vírgenes, donde el silencio se deja escuchar.
Anchorage es la acogedora puerta de entrada para explorar este gran destino. Desde aquí, comienza una travesía inolvidable por algunos de los paisajes más sobrecogedores del planeta.
Los Fiordos de Kenai conservan la huella intacta de la Edad de Hielo, mientras que las montañas, glaciares y cascadas de Valdez ofrecen una postal de naturaleza virgen en estado puro.
El Parque Nacional y Reserva Wrangell–St. Elias impresiona por su inmensidad: allí se alza el monte Wrangell, un volcán activo de 4.300 metros de altura.
Navegar por bahías glaciares, ver osos grizzly pescando salmón en el río o presenciar el salto de una manada de orcas son momentos que marcan para siempre.
La mejor época para viajar a Alaska va de mayo a septiembre, cuando la luz lo invade todo y la naturaleza se despliega en su máxima expresión.
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